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19 de mayo 2018 (Amistoso)


Talleres

Boca

OPINION: ¿DESBARRANQUILLA?

Con el triunfo de anoche de Junior en condición de local ante Alianza Lima por un tanto contra cero el panorama de Boca es aún más complicado. Al equipo de Guillermo Barros Schelotto no le queda otra que ganar en la calurosa ciudad colombiana para seguir con chances de clasificación.
Boca camina por el precipicio y está apunto de desbarrancar todo lo proyectado para esta temporada 2018. Con cuatro partidos disputados en el Grupo H apenas cosecha 5 unidades producto de una victoria en casa ante los colombianos, dos empates, uno en Lima y en otro en San Pablo, y la reciente derrota en casa ante el Verdao. No recuerdo un panorama tan oscuro como el que presenta la presente edición de la Copa para con el Xeneize. Ni siquiera estuve asustado cuando en 2007 debía hacerle cinco goles al Bolivar o en 2008 cuatro al Unión Maracaibo y esperar una mano del Atlas mexicano. Estoy convencido que este panorama es peor, no tanto desde los números, sino desde el rendimiento y la cabeza. El equipo venía jugando a la ruleta rusa, pero la bala le impactó de lleno en la cabeza al plantel en Mendoza y desde ese momento se cayó a pedazos. Tranquilamente podré afirmar que el plantel y el cuerpo técnico está en un coma profundo y con los peores pronósticos.
Miren si no será brava la cosa que de obtener el bicampeonato este fin de semana el equipo y los hinchas no podrémos festejarlo como se debe porque tenemos la cabeza puesta en el miércoles. Créame señor lector, el del miércoles no vale una SuperCopa, pero es más importante que el partido con River. No tenga dudas de eso. Boca el miércoles se juega el año y parte de la historia. Hace más de 25 años que a Boca no lo sacan de una Copa Libertadores en fase de grupos. Demasiada agua corrió abajo del puente y demasiada gloria se regó en materia continental como para que tengamos que ser eyectados de la máxima competencia con apenas cinco o seis partidos disputados.
Para el plantel de los mellizos no existe otra connotación que no sea la victoria en tierras caribeñas. El empate lo haría obligaría a vencer al equipo peruano como local en la última jornada y esperar una mano del Palmeiras. La derrota, quizás el resultado más probable por cómo viene jugando el equipo, lo dejaría automáticamente afuera de la Copa Libertadores; lo que significaría un verdadero fracaso y papelón deportivo e institucional.
¿Pero cómo hará Guillermo para mentalizar a los once jugadores que salgan al campo de juego del estadio Metropolitano si ni siquiera él sabe qué hacer? Si hoy Godoy Cruz gana en el ámbito local lo obliga a ir a ganar o empatar en La Plata para tener chances de vuelta olímpica el próximo domingo ante Unión en La Bombonera y evitar un papelón histórico a nivel doméstico.
El plantel está tocado y por dónde se toque hay una línea de pus en cada sector del campo, desde el arco hasta la franja de los delanteros.
Al pobre Agustín Rossi, que es una máquina de recibir goles lo prendió fuego. Cuando tuvo que sacarlo para protegerlo en su momento e ir llevándolo de a poco para que gane confianza allá por el mes de enero, lo mandó al arco más grande del país con apenas 22 años. Ya todos vimos lo que pasa cada vez que el ex Estudiantes se pone los guantes. Rossi padece cada partido lo sufre. Se le cae el arco encima. Los 7.35 x 2.40 metros que mide arco para él son 20 x 20. El chico sufre cada vez que le llegan y pidió a gritos salir del arco con sus actitudes dentro del área boquense. El pasado miércoles, cuando más que nunca debió respaldarlo, el DT lo expuso en rueda de prensa. Una falla garrafal de Barros Schelotto como cabeza de grupo.
En defensa los centrales no dan seguridad y Boca padece cada centro que envían los rivales. Las diferentes parejas de centrales formadas por Goltz-Magallán, Goltz- Heredia y Vergini-Magallán; no dieron frutos. Los laterales son un tema aparte. El único que se acentó fue Leo Jara, pero no porque el correntino haya tenido actuaciones descollantes, sino porque Gino Peruzzi se eyectó solo del plantel con actuaciones que me hacen llorar con sólo recordarlas.
En la banda izquierda Frank Fabbra te da mucho ataque, pero no vuelve y su banda se vuelve tierra de nadie. Su reemplazante Emmanuel Más, que también puede cumplir la función de segundo central; defiende mejor que el colombiano y hasta tiene buen poder aéreo. Pero atacar no es su virtud y el ala izquierda del ataque se vuelve casi obsoleto.
En el medio el único que rindió fue Wilmar Barrios, que se ganó el puesto por rendimiento en cancha y por los puntos cuando las papas quemaban en la recta final del campeonato pasado post derrota en casa ante River.
El uruguayo Nández y el colombiano Sebastián Pérez no terminan de llenar el ojo del técnico ni del hincha. Les falta ese toque de mística que necesita el medio de Boca para librar batallas como las que solían protagonizar el tándem Cascini – Battagliaen los 2000. Y Pablo Pérez es un caso especial… ¿Cómo puede ser que la cinta de capitán la lleve este tipo? Nunca ganó un partido decisivo, en las finales con River se apichonó y de yapa se hace expulsar cuando el equipo necesita de él. O sea se borra en las difíciles.
En ataque el único que rinde y desde hace 65 partidos es Cristian Pavón. A este pibe hay que prenderle velas y hacerlo dormir en un camión blindado. Si se resfría él y no puede jugar, olvídense que Boca va tener chances de gol. Él es el único que genera riesgo en serio en el arco rival. Los demás brillan por su ausencia. Edwin Cardona tiene graves problemas con su estado físico y le cuesta una enormidad moverse en el campo. Le sobra talento en los pies, y le falta estado físico en las piernas y en la cintura. Walter Bou y Ramón Ábila, son muy ansiosos, no les falta actitud, al contrario les sobra. Pero hacen extrañar horrores a Pipa Benedetto..
Lo de Carlos Tévez merece un párrafo aparte. Al igual que Pablo Pérez, él también será la cara de la derrota en caso de no cumplir con el objetivo. Él volvió en 2015 para ser la cara de un Boca multicampeón y ante el primer tropiezo importante como lo fue la eliminación a manos de Independiente Del Valle en la Libertadores 2016, no tuvo mejor idea que buscarse asilo en China. No debió irse a China en ese diciembre de 2016 y no debió volver para esta temporada. No se merece la ovación del hincha ni ser el sub capitán del equipo. La primavera de Carlitos y Boca apenas duró 6 meses de agosto a diciembre de 2015. Al ´Apache´ se lo nota desganado y falto de ritmo físico y futbolístico. El entrenador, que no lo quiso repatriar, pero se lo encajaron debió rearmar el esquema para que le número 32 se sienta a gusto. Lo puso de 9, de media punta y hasta de enganche. En ninguna se terminó de sentir cómodo o de rendir en plenitud.
El día miércoles la historia moderna de Boca puede cambiar para siempre. Una victoria, tan deseada como inimaginable, reavivará la leyenda del equipo copero y de la mística azul y oro. Una derrota abrirá las puertas del infierno y eyectará de su cargo a los mellizos Barros Schelotto, aun siendo bicampeones del fútbol argentino. El 2018 de Boca camina por la cornisa y en Barranquilla pude darse la tragedia. Que el milagro suceda y la mística aparezca; la historia y los hinchas de Boca no merecen caer en la barranquilla.

Fede Pérez Rivero
@FedePR12

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